
Salamanca, desde Hendaya
¡Ay, que en estas negras noches
Salamanca, Salamanca,
viene a visitarme en sueños
la vida que di a mi España!
Que en las noches del destierro,
Salamanca,
me pueblan las soledades
las vergüenzas que ahí se pasan.
Que aquí está mi fortaleza,
Salamanca,
pero… no, nada de pero,
la libertad en mi casa.
Y es libertad el destierro,
Salamanca,
hasta mejor en mazmorra
que en estrado con mordaza.
En el desierto doy voces,
Salamanca, oyen las piedras piadosas
y hasta el cielo me levantan.
Justicia y verdad son uno,
Salamanca,
Dios lo quiere, Dios lo quiere,
su voluntad es mi casa.
Unamuno fue un bilbaíno que acabó en Salamanca por trabajo. Fue un gran intelectual que llegó a ser rector de la Universidad de Salamanca con 36 añitos, cargo que ostentó hasta en tres ocasiones y del que le echaron otras tantas, por sus ideas políticas y su compromiso social. Cuando ostentó el cargo, vivió en lo que hoy es su Casa-Museo, al lado de la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca.

Una de ellas, en el destierro de Hendaya, donde escribe el poema que hemos leído al inicio.
Al exilio fue a visitarlo Jorge Guillén, que le regaló su Cántico, hoy en la Casa Museo Unamuno, al lado de la fachada de la rana, con la dedicatoria:
A Don Miguel de Unamuno, Patriarca de la poesía española de hoy, Patriarca de España, Poeta siempre, con la profunda admiración y la adhesión ferviente de Jorge Guillén.
Poco antes de vivir aquí, se casó, en Guernica, con su novia de toda la vida: Concha, su costumbre, como él la llamaba, con la que tuvo nueve hijos. Poco después de la boda, obtiene la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca (en la que estuvo como tribunal Juan Valera, el de Pepita Jiménez) y se metió de lleno en la vida cultural de la ciudad y sus tertulias, como las del café Novelty, donde hemos visitado a Torrente Ballester.
Y, como ya saben, escribió mucho, no solo las epístolas que señalábamos antes, sino ensayos, como Del sentimiento trágico de la vida; teatro; poesía, como El cristo de Velázquez, cuadro homónimo que preside la habitación de su casa museo; artículos; y, por supuesto, novelas, como Niebla, bar homónimo que podemos ver a la izquierda. De hecho, creó una forma de novelas, las nivolas, con un enfoque más retrospectivo y filosófico, porque era profesor y escritor, pero también un gran filósofo.

Aquí le vemos mirando la que fue la casa de sus últimos días, con la Torre de las Úrsulas a las espaldas, en una estatua esculpida por Pablo Serrano, el mismo que esculpió la estatua de Nebrija, y a la que Carmen Martín Gaite define así:
Es como un aguilucho sacando la cabeza de una mole de pliegues rígidos y oscuros, venteando la nada con su mirada de visionario, y hasta convertido ya en piedra no se puede alejar de sus obsesiones de muerte que ensombrecieron su vida, porque la casa que mira vecina aquella donde él vivió y se llama así: la Casa de las Muertes.


Casa de las muertes Casa de Unamuno

Lo confinaron en ella y murió sentado al brasero el último día del 1936, quizá porque no quería ver lo que pasaría.
Su poema Mi Salamanca finaliza así:
Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.
Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,
di tú que he sido.
Luis García Jambrina y los Delibes
Sin embargo, son tantos y tantos los que lo han revivido, como Luis García Jambrina, escritor y profesor de la Universidad de Salamanca, autor de El manuscrito de piedra y El primer caso de Unamuno, que se sitúa en el pueblo salmantino de Boada, cuando un cacique aparece apuñalado, y Unamuno, que ya había denunciado las pésimas condiciones de vida de los campesinos del lugar, decide investigar el crimen.
Jambrina también dirige la revista Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, de la Universidad de Salamanca, centrada en el estudio de la figura, la obra y el entorno del pensador Miguel de Unamuno, que recibió el título de Doctor Honoris Causa a título póstumo.
Por cierto, que hay un curioso caso de padre e hijo, que han sido nombrados Doctores Honoris Causa por la Universidad de Salamanca: Miguel Delibes padre e hijo.
Seguimos con grandes escritores vinculados a la ciudad, algo anteriores a Unamuno, Jambrina y Delibes, concretamente del siglo XVIII: hablaremos de la Escuela Poética Salamantina, en la casa de Meléndez Valdés.
Antes, pasaremos por el plateresco Palacio de Monterrey, propiedad de la Casa de Alba, donde murió Torres Villarroel y donde se dice que Santa Teresa curó a la madre del conde-duque de Olivares; saludaremos frente a ella al primogénito de los Reyes Católicos, el príncipe Juan, que murió en Salamanca y fue enterrado en la Catedral, aunque después los trasladaron a Ávila y en la Guerra de la Independencia su tumba fue profanada y hoy en día su cuerpo está en paradero desconocido.


También veremos la majestuosa iglesia de La Purísima, cuya cúpula se derrumbó y fue reconstruida, y el Convento de las Agustinas, creada por el Conde de Monterrey para albergar a su hija, la que sería priora.


Bibliografía:
- Salamanca en la poesía del exilio de Miguel de Unamuno. Acceso en comounlibro.com
- Salamanca: arte e historia. Poema Mi Salamanca, de Miguel de Unamuno.
- Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno. Revistas Universidad de Salamanca.
- El primer caso de Unamuno. Canal de Youtube de la Universidad de Salamanca.
- Doctores y Doctoras Honoris Causa. Universidad de Salamanca.
