La Celestina

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Entrando Calisto en una huerta en pos de un halcón suyo, halló ahí a Melibea, de cuyo amor preso, comenzole de hablar. 

CALISTO.-  En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

MELIBEA.-  ¿En qué, Calisto?

CALISTO.-  En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mí, inmérito, tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido.

Así comienza La Celestina, obra a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, que inicialmente se tituló La comedia de Calisto y Melibea, en 1499, cambió a tragicomedia, y finalmente, adoptó el título de uno de sus personajes más famosos: la Celestina, que podemos ver tras las rejas del huerto, antes de entrar. La tragicomedia adaptó parte de la trama inicial, en el 1502, y una de las ediciones de entonces se ha descubierto en Salamanca.

Esta obra es conocida en el mundo entero, no solo por su antigüedad, sino por todo su misterio. ¿Quién la escribió?, ¿en qué género se engloba?, ¿cuál es su finalidad? Vayamos por partes: en los libros aparece que su autor fue Fernando de Rojas, que estudió en la Universidad de Salamanca y fue alcalde y abogado en Talavera de la Reina. Sabemos que lo escribió porque su nombre aparece en forma de versos acrósticos en Carta a un su amigo, al inicio de la obra; pero dice que él acabó la obra, por lo que se deduce que otro –u otros– debieron empezarla, y sobre esto hay varias teorías. En segundo lugar, no se trata de una novela, porque no hay un narrador, pero tampoco es teatro, por su excesiva longitud, sino que es una comedia humanística, pensada para la lectura en público, más que para la representación. Por último, es un libro de amor, pero un amor que mata, que enferma y que hay que curar, incluso recurriendo a lo que podríamos llamar la magia negra.

La Celestina es una obra fascinante. Un libro que se adentra en las casas de las prostitutas y les da protagonismo, que habla de asesinos, de sirvientes, de plebeyos, que describe los encuentros sexuales de dos adolescentes: de Calisto, el más hermoso, y de Melibea, la que habla miel. Una obra maestra de la literatura, situada en Salamanca, y publicada ya hace más de 500 años.

De camino, podéis ver al poeta José Ledesma Criado (S.XX), sentado a la vera de la muralla, ataviado con la capa salmantina.

San Juan de la Cruz

Antes de llegar a nuestra siguiente parada, saludaremos a un poeta que, como Calisto y Melibea, descubrió el amor, a pesar de todos los inconvenientes que tuvo que sortear en vida. Este fue un amor muy diferente al de los protagonistas de La Celestina: fue un amor por Dios, que se puede sentir en su Llama de amor viva o en Noche oscura del Alma. Hablamos de san Juan de la Cruz.

¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que la alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

Este místico fue antiguo alumno de la Universidad de Salamanca, y Doctor Honoris Causa de la misma, además de cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con santa Teresa de Jesús, con la que terminaremos nuestro paseo.


Seguiremos hablando de hombres de Dios, pero cambiaremos de orden: la de los dominicos, ya que en nuestra siguiente parada hablaremos de Francisco de Vitoria, defensor del Derecho de Gentes.


Bibliografía:

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