Fray Luis de León

Al salir de la cárcel

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.

Tras varios años en la cárcel de la Inquisición, en Valladolid, fray Luis de León volvió a las aulas y dijo aquella famosa frase que repetiría Miguel de Unamuno años más tarde: como decíamos ayer…

Estuvo entre rejas por envidia, como dice en el poema, por las rivalidades entre agustinos y dominicos y por los tejemanejes para la obtención de las cátedras, aunque la condena era por haber traducido al castellano el Cantar de los Cantares y defender el texto hebreo de la Biblia frente a las versiones latinas: es lo que se conoce como el proceso fray Luis. Entre rejas reflexionó y escribió, entre otros, la Exposición del Libro de Job, una especie de autobiografía que refleja esa amargura que siente por sentirse abandonado y tratado injustamente.

Aquí tenemos su estatua de bronce, contemplando la fachada plateresca de su Universidad, que tantas penas y alegrías le dio, con el mismo gesto del Aristóteles del cuadro de La escuela de Atenas: apuntando a la tierra, a la vida, ya que fue un firme defensor de la dignidad humana y de derecho natural –eso sí, masculino–. Tomemos como ejemplo La perfecta casada, un tratado de moral que escribió para las bodas de su prima, doña María Varela Osorio, recordándole cómo debía comportarse una mujer en el matrimonio: sumisa y obediente.

A pesar de ser de Cuenca, su vida está muy ligada a Salamanca, donde entró como novicio en el Monasterio de San Agustín con dieciséis años. Fue profesor y ocupó varias cátedras en la Universidad, entre ellas la de Sagradas Escrituras, que disputó con un hijo dominico de Garcilaso de la Vega y que desempeñó hasta el final de sus días. Además de preparar la edición de las obras de Santa Teresa, también fue el principal representante de la Escuela Salmantina, de poesía precisa y concisa, con un pensamiento realista, natural y sencillo, inspirada por Horacio. Sus obras, las recopilaría Francisco de Quevedo.

Fray Luis de León es indispensable para entender el Renacimiento español: humanista, agustino de carácter pacífico, y con infinita paciencia, fue un símbolo de la resistencia frente al poder de la Inquisición. Llevó una vida de contraste entre el mundanal ruido y la búsqueda de la paz interior. Una paz que conseguía en su retiro de La Flecha, en Aldealengua, que pudiera haberle inspirado su Oda a la vida retirada o De los nombres de Cristo. Un lugar, donde escribieron fray Luis de León y Miguel de Unamuno, hoy casi en ruinas. Parte de sus restos descansan en la capilla de la Universidad de Salamanca (en la imagen). Cuenta la leyenda que su muerte fue horrible, ya que sufría catalepsia y fue enterrado vivo, sin que nadie lo supiera…

La figura de fray Luis de León también está relacionado con Ana Abarca, hija del «médico de la reina»: Fernán Álvarez Abarca, cuyo palacio es hoy el Museo de Salamanca y esposa de Francisco de Maldonado, comunero y regidor de Salamanca que fue ajusticiado en Villalar por Carlos I. A su muerte, fueron requisados todos sus bienes y Ana Abarca tuvo que refugiarse en casa de sus padres, donde la visitaba fray Luis de León, convirtiéndose en su consuelo espiritual. Los restos de Maldonado, por cierto, fueron trasladados a la iglesia del Convento de San Agustín.

Feliciana Enríquez de Guzmán y Lope de Vega

En el año 1218, el rey Alfonso IX de León funda la Universidad de Salamanca, que es considerada como la más antigua de las universidades hispanas existentes, y unos años más tarde, el rey Alfonso X la organiza y la financia. El papa Alejandro IV sería el encargado de reconocer la validez universal de sus grados y le concede un sello propio.

Desde entonces, son cientos de miles de personas las que han pasado por sus aulas. Entre ellos, destacaremos a dos dramaturgos barrocos: Lope de Vega, el rompecorazones que dio la vuelta al teatro de su época con Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, y Feliciana Enríquez de Guzmán que, a pesar de mantenerse al margen de su forma de hacer teatro, fue elogiada por Lope en su Laurel de Apolo:

mintiendo su nombre

y transformada en hombre,

oyó filosofía

y por curiosidad astrología.

A escasos metros, tenemos una fuente presidida uno de los amigos de fray Luis de León: un ciego Catedrático de Música de la Universidad de Salamanca, que escribió Los siete libros sobre música, al que el agustino le dedica Oda a Francisco de Salinas.


Terminaremos la ruta con otra gran poeta del siglo XVI, mística con vocación real, que con seis años quiso huir con su primo Rodrigo para morir mártir: santa Teresa de Jesús.


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