El Lazarillo de Tormes

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Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río.

¿Quién no conoce el inicio del libro más famoso de la picaresca? La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades es una obra cumbre de la literatura española, que comienza en nuestra ciudad y termina en la iglesia de El Salvador, donde bautizaron a Juana I de Castilla.

¿Quién es el Vuestra Merced a quién se dirige Lázaro? Una dama, relacionada con el personaje del arcipreste, así que es una dama que se confiesa al arcipreste San Salvador. Este arcipreste compartía casa con una manceba, que es la que se casa con Lázaro, y ambos viven en una casilla par de la suya, lo que hace sospechar que el amante de la mujer de Lázaro fuera el arcipreste. Si este, estando en el lecho, confesara algo a su amante, mujer del pregonero de Toledo, su secreto de confesión estaría en entredicho, así que por eso le pide a Lázaro que cuente su vida. Y de paso, critica a la sociedad del momento.

No se sabe con certeza quién la escribió, pero seguramente fuera un fiel cortesano de Carlos I de España, y de ideas erasmistas; precisamente por esa crítica hubiera querido quedar en el anonimato. La catedrática Rosa Navarro defiende que el autor fue Alfonso de Valdés.

En el primer tratado cuenta cómo su madre entregó a Lázaro al primer amo, el ciego, y hay un episodio muy famoso que tuvo lugar en la entrada del Puente Romano, junto a la estatua del verraco, que dice así:

Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:

– Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él.

Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:

– Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.

Y rió mucho la burla.

Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba. Dije entre mí: «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer».

Por cierto, que el verraco, aunque es de origen vetón, lleva aquí desde 1954, cuando se trajo del Museo Provincial, con motivo de la conmemoración del 400 aniversario de la publicación de la obra. Antes de llegar al museo, había estado tirado en el lecho del río durante más de treinta años. Lo tiraron (y el cuerpo se partió en dos), porque se pensaba que era un cerdo que Carlos I había colocado por la afrenta de los Comuneros.

El Libro de Buen Amor

Salamanca ha inspirado obras de la literatura, y muchas de ellas aún se conservan en la ciudad, como es el caso del Libro de Buen Amor. Aunque no se estudiara en la Universidad de Salamanca en aquel entonces, la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca alberga una de las tres copias del manuscrito, escrito por Juan Ruiz, que desempeñaba el cargo de arcipreste en Hita.

Este libro, que contiene más de 1700 estrofas con la métrica propia del mester de Clerecía, es un gran testimonio de los inicios de la lengua y literatura castellanas. Su contenido es bastante ambiguo, ya que narra las peripecias amorosas, supuestamente, del autor, pero no se sabe si con un propósito ejemplarizante o de simple diversión, ya que lo escribe con un tono irónico y burlesco.


Otra de las grandes obras, a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, es La Celestina. Así que iremos al huerto de Calixto y Melibea a hablar de ella.

Pasaremos por la empinada calle Tentenecio, parte de la antigua judería, donde se cuenta que el patrón de Salamanca, san Juan de Sahagún, detuvo a un toro desbocado, diciéndole: tente, necio.


Bibliografía:

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