
Aih Jesús, donde te has ido
Que un instante no puedo,
Verme sin tigo;
Aih Jesús de mi alma,
Donde te has ido,
Que parece no vienes
Y te has perdido.
Aih Jesús, que diré yo,
Si os vais con otras,
Qué haré yo?
Clamaré, lloraré,
Hasta ver a Dios,
Y si no, y si no,
Morir de amor.
Y ya lo digo,
Pues estoy tan sola
Que no has venido.
Este es el único poema que se conserva de una princesa africana, que pudiera ser la primera mujer africana en escribir en una lengua moderna, que fue monja durante 44 años en el convento de la Penitencia. Sus restos reposan aquí, en el convento de las Dueñas.
Chikaba nació en 1676 y se dice que fue hija de un rey de la costa occidental africana, que su biógrafo llama «Mina Baxa del Oro». Desde muy niña, mostró una inquietud espiritual y tuvo una visión de la aparición de la Virgen con el Niño Jesús, en un manantial cercano a su casa.
A los diez años de edad fue capturada y llegó a Sevilla, pero por su condición de princesa real no corrió la suerte de otras esclavas y el rey Carlos II se la entregó a los marqueses de Mancera, que parece ser que no la trataron mal.
Rechazó el matrimonio con un príncipe de su tierra, que llegó en 1700 a la Corte de Madrid e intentó ingresar en un convento, pero fue rechazada en todos los de Madrid por ser negra. Finalmente, el obispo le permitió entrar en el convento de terciarias dominicas de la Magdalena, de la Penitencia de Salamanca, pero como sirvienta de la comunidad. Unos años más tarde, tomó el hábito como Teresa Juliana de Santo Domingo.
Se publicó en vida una obra sobre ella, Compendio de la vida exemplar de la Venerable Madre Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, porque se le atribuían milagros y visiones místicas, levitaba, curaba enfermos y hasta paraba las bombas de los enemigos portugueses en la Guerra de Sucesión de principios de aquel siglo. Al morir y ser enterrada con las otras «blancas», cuando en vida había sido una sirvienta para las demás, la gente comenzó a ir a su celda a tomar sus posesiones, que se convertirían en reliquias.
Contemporánea de sor Juana Inés de la Cruz, unos años mayor que ella, esta última parte del poema que hemos leído antes nos puede recordar algo a ese Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis de la mexicana.
Y si estás con otra,
Yo ya lo he visto:
A Marta y María
Las has querido.
Aih Jesús, donde te
Hallaré yo,
Pues tan tonta me tiene
Quando te tengo;
A Dios, a Dios amor,
A Dios Señor,
A Dios corazón,
No más, no más, no más.

Se conserva un cuadro de esta fascinante monja, con su confesor, en el Museo de Salamanca.
Venancio Blanco
Y muy cerca de aquí, en la Sala de Exposiciones de Santo Domingo, podemos disfrutar del arte del premiadísimo escultor salmantino Venancio Blanco, ya que es donde se encuentra la sede de la Fundación Venancio Blanco de Salamanca.

Seguro que conocen la gran escultura de tres metros y medio que hay en la Plaza España: Vaquero charro; la realizó el escultor en Roma, cuando era director de la Academia Española de Bellas Artes de la ciudad.
En Salamanca, contamos, entre otros, con el medallón de la Plaza Mayor dedicado a los reyes eméritos Sofía y Juan Carlos, el monumento a San Francisco de Asís, en el Campo San Francisco o la talla en madera Cristo que vuelve a la vida, de la Catedral. También retrató a Cervantes, Santa Teresa de Jesús y tantos otros escritores.
En la siguiente parada veremos otra escultura, en la Cueva de Salamanca, que representa la cara de un peculiar salmantino, que vivió, como la Chikaba, entre finales del siglo XVI y mediados del siglo XVII: Torres Villarroel.
Bibliografía:
- Banco de recursos Women’s Legacy: ficha de Teresa Juliana de Santo Domingo disponible en este enlace.
- Blog Las diez vírgenes sensatas. Entrada sobre Chikaba disponible en este enlace.
- Blog Indiberya, causa común. Entrada sobre Chikaba disponible en este enlace.
- Un paseo por Salamanca con las esculturas del maestro Venancio Blanco. Tribuna de Salamanca.
